La duda, y la certeza no me da insomnio, como la certeza, tan calida, tan aduladora pordria quitarme el suenho. Al fin y al cabo la certeza se instala enseguida como algo familiar. La certeza no me da insomnio.
La duda tampoco me quita el suenho, cuando dudo siempre me queda la alternativa. Y sobre la alternativa apoyo mi cabeza para conciliar el suenho.
La sospecha no me deja dormir, porque es una certeza, porque es una duda, porque una vez que existe, solo se puede desterrar eliminandola. Profundizando, intuyendo, en definitiva, perdiendo de dormir.
Lo peor de la sospecha es que destruye a su paso la confianza, y con ella todas las certezas se convierten en dudas, y tras ella de todas las dudas surgen sospechas. Por ello no se puede esperar, a que el insomnio nos agote y reduzca nuestra capacidad de juzgar y razonar.
Hay cosas que no cambian, historias que se repiten con subtiles cambios, quizas por el desgaste natural del escenario.
Las historias se acumulan, el mundo se hace mas vasto y complejo, a medida que nuestro ojos amplian nuestro recuerdo, el abanico de posibilidades se despliega dando sombra a la ciudad que antanho reflejaba nuestra felicidad en sus dorados. Hemos escogido la senda de la tortura, hemos escogido no cortar todos esos hilos que arrancan la piel de los que quedan atras. Hemos sembrado una hierba en la que no podremos dejar jugar tranquilos a nuestros futuros. Hoy tras la gran nevada londinense, y tras una noche de suenhos terriblemente nitidos, los silencio susurran su zumbido de una milesima por cien. Y sobre ese granulado sonido, cruje literalmente algo en mi cabeza. La suerte semeja definitivamente echada, la vida es una ciertamente, y la sospecha ha tomado posiciones para arrebatarmela.

Dices algo muy cierto: "Hemos escogido la senda de la tortura(...)"
Y aun así, nos quejamos. Pero nadie nunca intenta cambiar nada. Y si alguien lo intenta los demás le tapan la boca.
En fin, un saludo..